EL FONDO DEL MEOLLO
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Gerardo Velázquez de León

Esta noche, no hay espacio para pretextos ni excusas

Mar, 02/07/2019 - 00:10

Las semifinales de Copa Oro han sido el punto débil, donde han llegado los grandes golpes al futbol mexicano. Por eso, en el inicio del proceso de Gerardo Martino, lo más trascendente es —sea como sea— llegar a la final de Chicago el próximo domingo.

Para eso, hay que olvidar que el rival de hoy es una isla del Caribe y tener al tope la concentración, sin distracciones que puedan costarles una prematura salida de la Copa Oro, como fue con Juan Carlos Osorio —hace un par de años— contra Jamaica o hace seis con José Manuel de la Torre, quien estaba al frente del grupo cuando se cayó con Panamá.

Para Haití, jugar el partido de esta noche es su máximo logro histórico y el único peligro que podría encontrar México es que los caribeños no tienen absolutamente nada que perder y sí intentar, con una absoluta desfachatez futbolística, eliminar al todopoderoso equipo de Concacaf.

La Selección Mexicana cumplió ayer el requisito que, parece, no le gustó mucho. Celebrar una zona mixta con Orbelín Pineda, César Montes, Fernando Navarro, Luis Montes y Hugo González, no muestra más que la poca colaboración que tiene para cumplir los reglamentos del torneo, ya que en semifinales y final la Concacaf obliga a que los equipos hagan este ejercicio ante los medios de comunicación.

Y sí es una falta de respeto, porque —independientemente de la trayectoria de estos cinco futbolistas y su nivel competitivo— prácticamente no han jugado en la Copa Oro. Algunos, como Hugo González y César Montes, no tienen ni un minuto y seguramente no lo recibirán si no hay algún lesionado.

Es decir: cumplo, pero con mis condiciones, lo que demuestra que el futbol mexicano está muy lejos de ser un controlador con fuerza dentro de su propia área y que, con este tipo de mensajes, muestra claramente que no está en la misma línea de comunicación ni de objetivos.

El futbol mexicano no puede permitirse un tropiezo en Copa Oro de nueva cuenta. Sea cual sea el rival, la obligación es ganar, convencer y dar un golpe de autoridad en un proyecto que recién inicia, porque —como ayer bien dijo Gerardo Martino— un resultado negativo sería la hecatombe, provocada más por factores externos que por la propia Federación Mexicana de Futbol.

Por estructura y por el nivel que han mostrado los seleccionados nacionales, tendrían que establecer un dominio avasallador y levantar un trofeo que no hacen de manera legítima y pulcra desde 2011, cuando derrotaron a Estados Unidos en la final, celebrada en Pasadena.

Desde entonces, han pasado tres Copas Oro. En una fueron campeones, con Miguel Herrera, pero con uno de los pasajes más oscuros del arbitraje de la Concacaf en aquella semifinal contra Panamá, cuyos jugadores sacaron una pancarta en la que aseguraban fueron robados.

En esta edición, el futbol debe regresar a la normalidad y México, a legitimizar —como lo hizo en la última eliminatoria— su dominio sobre los rivales en el área, pero lo primero es ganarle hoy a los haitianos

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